Mujeres de fe hacen del 8M un grito “contra el pecado del machismo”


Por Claudia Florentin-
El trabajo no remunerado —lo que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos define como el tiempo que se invierte en las labores domésticas diarias, las compras de víveres necesarios para el hogar, el cuidado de niñas y niños, de ancianos/as y de otros miembros de la familia o ajenos a la misma, además de otras actividades no remuneradas relacionadas con el mantenimiento del hogar— sigue siendo, en gran medida, invisible para los economistas y el mundo en general.  Se sigue diciendo “no trabaja, es ama de casa”, como si ese territorio “la casa” fuera un reinado donde se es dueña y señora, con privilegios y derechos, y no el espacio de trabajo no pago, cargado por tradición patriarcal a las mujeres desde pequeñas. A las mujeres que trabajan fuera se le suman horas (4.30 horas en promedio al día en la región/ en México asciende a 6) en estas tareas no remuneradas.
El New York Times publicó la cuenta de cuánto habrían ganado las mujeres el año pasado si percibieran el salario mínimo por su trabajo no remunerado: 10,9 billones de dólares, según un análisis de Oxfam. Esa cifra es mayor a los ingresos combinados de las 50 empresas más grandes que aparecieron en la lista Fortune Global 500, que incluye a Walmart, Apple y Amazon.
Una mujer es asesinada cada dos horas en América Latina por el hecho de ser mujer, afirma el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe
La información oficial para 15 países de América Latina y el Caribe muestra que al menos 3.287 mujeres han sido víctimas de feminicidio o femicidio en 2018. Si a estos se suman los datos de los 10 países de la región que solo registran los feminicidios cometidos a manos de la pareja o ex pareja de la víctima, se puede afirmar que el número de feminicidios para el año 2018 ha sido a lo menos de 3.529 mujeres.
Los países de América Latina en que la tasa de feminicidios por cada 100.000 mujeres es mayor son:  El Salvador (6.8), Honduras (5.1), Bolivia (2.3), Guatemala (2.0) y la República Dominicana (1.9).
Mujeres de fe no fueron ajenas a este día, realizando liturgias especiales, adhiriendo al paro y a la movilización, porque a ellas también las atraviesan estas realidades y porque la violencia de género convive en el seno de muchas comunidades de fe, amparada por liderazgos y doctrinas.
La Red de Teólogas, Pastoras, Lideresas y Activistas Cristianas-TEPALI, fue convocante en varios países, en algunos junto a otras organizaciones de mujeres creyentes, y ALC Noticias trae un raconto de las experiencias desde distintos territorios.

Mujeres de fe marchando este 8 de marzo en Buenos Aires (CDD)
“Nosotras, mujeres de fe, hicimos de este 8M un grito contra el pecado del machismo que se hizo eco desde las calles hasta las iglesias”, dice la pastora bautista Odja Barros desde Brasil, donde miles y miles de mujeres tomaron las calles de las principales ciudades.
“Acá el paro no se notó por ser domingo. Pero la marcha significa mucho como mujer de fe en cuando a la empatía y la sororidad. Sentir la presencia de nuestras jóvenes comprometidas, con la iglesia y con las mujeres es algo que llena el corazón de esperanza”, dice Beatriz, valdense desde Colonia Valdense, Uruguay.
El movimiento feminista fue proféticamente político y desestabilizador del sistema patriarcal, subraya Marilú Rojas, referente católica mexicana que une su voz desde el país azteca a Nadia, una joven teóloga evangélica que espear “que, como en pentecostés, la Ruah sea nuestra intérprete y mediadora frente a los encuentros y rupturas que la consigna del “América Latina será toda feminista” está trayendo consigo”.
Mariela Pereyra, pastora luterana argentina, cree que las mujeres salen “fortalecidas y transformadas en cada encuentro”. “Marchamos y nos reunimos alimentadas por la Ruah, ésto nos hace un cuerpo de cristianas que se encuentran y no es una masa uniforme, hay diversidad de testimonios y temas, ¡también de posiciones o momentos de transición en la caminada feminista y en los rostros de las iglesias!”, dice.

Mujeres de fe en Uruguay marchando este 8 de marzo (N I)
“Viví la marcha con alegría y rebeldía, sintiéndome acuerpada por muchas mujeres fuertes que aunque no nos conociéramos nos cuidábamos unas a otras, nos amamos unas a otras en nuestra diversidad…La viví con muchas emociones fuertes que me provoca la desigualdad pero confiada en que el Dios de la Vida nos acompañó en cada paso conduciéndonos por caminos de justicia”, nos cuenta Pamela Liquez desde Guatemala.
“El 8 de marzo caminando nos encontramos con amigas y amigos, con familias enteras, con mujeres de diversos contextos, unidas por la indignación de la violencia y muertes de mujeres exigiendo: respeto dignidad, equidad y justicia”, relata desde Quito, Ecuador, Mayra, cristiana evangélica.
La obispa luterana de Chile, Izani Bruch, refleja el sentir de miles de mujeres chilenas que coparon las calles, en una sociedad que aún sigue reclamando al gobierno de Piñera por justicia social y derechos: “Viví la marcha como un momento increíble, una señal potente de esperanza de que nunca más sin nosotras, hasta que nuestra dignidad como mujeres sea respetada. Fue maravillosa con mucha fuerza, con mucha esperanza que realmente es posible otro mundo para las mujeres”.
Priscila Barredo, teóloga y parte de la coordinación regional de TEPALI, nos cuenta desde Lima: “Marché muy conmovida y esperanzada junto a mis hermanas católicas y evangélicas, varias de las cuales marchaban por primera vez alzando la voz en las calles de un Perú que persigue a sus profetas, a las mujeres que luchan por sus derechos”.
“Sentirse acompañada y sentir la fuerza de la comunidad de la sororidad para seguir resistiendo como mujer de fe. Marchar a la memoria de las mujeres indígenas quienes con su vida, resistencia y  siguen dándonos fuerza, unidas a ellas y a todas las hermanas: Gritamos que vivan las mujeres en Abya Yala”, afirma Jocabed Solano, indígena gunadule en Panamá.
“Viví el paro Internacional  encarnando mi fe y cristianismo profético a través de la lucha reivindicativa feminista parando y tomándonos las calles de Tegucigalpa, Honduras a través de la lucha pacífica pero transgresora”, dice desde las tierras de Berta Cáceres, Ana Ruth Garcia Cárcamo, de Ecuménicas por el Derecho a Decidir.
“En Estados Unidos las mujeres teólogas y pastoras así como los movimientos feministas están llamando la atención sobre las acciones y movilizaciones de las compañeras en el continente, se ha discutido por que tenemos la marcha en Enero y no en marzo, así como ciertas políticas que se han dado para mantener a Estados Unidos fuera de las fechas conmemorativas para no sumarnos al reclamo continental. Nuevas generaciones estamos cuestionando esto, ya que no estamos ajenas en especial en la comunidad Latina que es 20% de la población, de feminicidio, violación, penalización del aborto entre otros. Prestamos atención y estamos movilizándonos para hacer cambios importantes a este nivel y lo más pronto estemos unidas, haciendo un paso importante de unidad a nivel continental”, reflexiona Yenny Delgado, peruana-estadounidense, residiendo hace años en el país del norte y parte de la coordinación regional de TEPALI.
Las mujeres de fe paramos y nos movilizamos. Fuimos muchas poniendo las voces y los cuerpos, en denuncia de las violencias hacia nosotras y la tierra que habitamos.
Algunas, como escribí cuando regresaba a casa, nos abrazamos fuerte, porque venimos huyendo de cadenas religiosas disfrazadas de doctrinas, otras llegamos soltando dolores que nos atravesaron espiritual y emocionalmente y muchas, todas, cada una a su modo y su tiempo, re descubriendo la dignidad y libertad que nos dejó el Maestro de Galilea.
#JuntasResistiremos
Fotos de los distintos lugares donde se marchó: https://www.facebook.com/RedTEPALI/

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